LA VOZ: SONETO.


CELE LOPEZ.

Me ha devuelto tu voz hacia la vida
ya me duelen los brazos por tenerte
ya tengo sin apenas conocerte
por ti toda la sangre conmovida.

Me lanzare a la mar sin salvavidas
sin brújula, sin luz, a la aventura
para después cogida a tu cintura
navegar cuerpo a cuerpo a la deriva.
El pulso de mis besos contenidos
tras una larga espera se desboca
mostrándose en mis labios sorprendido.

Y corre hacia esa voz que me provoca 
valiente, generoso y atrevido
ambriento del latido de tu boca.



NIÑA DE LUZ.:

PARA MONTSE.


Yo, que vengo de lejos, vida arriba
que deje atrás senderos de tristezas
y muchas, muchas lágrimas.
A ti, niña de luz,joven promesa
hoy quiero regalarte una sonrisa.

asomate a la vida,
por la ventana azul de la alegría,
elige un pensamiento que te lleve,
por caminos tranquilos
donde duermen los duendes,
donde duermen las musas,
esperándote.

Di les que eres poeta, que naciste...
para darle color a las palabras
para hacer con las letras serpentinas
que adornen los paisajes, oscuros de la vida.


Cuando te encuentres sola,
cuando a tu puerta llame  la tristeza
no le abras, pregunta,
si viene acompañada por esa oscura pena
que oprime el corazón ....atormentándolo.


Si tan solo es tristeza ,puedes abrir sin miedo
la tristeza, es tan solo una brisa llorona
que al derramar sus lágrimas
aligera su peso y sigue su camino, cual indefensa nube
Yo se mucho de penas oscuras,
de fantasmas, y de como alejarlos.

Niña de luz, escucha a la experiencia
abrele tu ventana a la alegría
y ríe, ríe fuerte aunque no tengas ganas
por que la risa espanta los fantasmas.

Cualquier clase de amor,hasta el mas puro
puede herirte cual la mas bella rosa,
tu puedes elegir en el recuerdo
su mágico color...o, aquella espina
que te dejo su huella.

Tu tía cele.




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SONETO DE DESPEDIDA




A MI HIJO ALBERT

Defendiste tu vida cual soldado
defiende con arrojo su bandera
creciéndote en la lucha y en la espera
dentro de tu dolor atrincherado.

Una vez y otra vez, tu sangre entera
se levanto crecida entre el acoso
sin concederse tregua ni reposo
cayendo y levantando guerrillera.

Nunca diste un combate por perdido
y en la gran dimensión de tus heridas
te alzabas en la lucha engrandecido.

Con cuanta dignidad cayó tu frente
dejandonos izada en tu trinchera
la bandera gloriosa, "de un valiente"